Siempre he creído tener el control de lo que siento; es
decir, nunca me dejo dominar por las emociones, siempre intento buscar una
salida extra, y decir solo aquellas cosas de las que estoy completamente
segura, aunque a veces suela decir incoherencias, es fácil notarlo.
Tan fácil como admitir que he perdido mi propia batalla.
Destruiste mi fortaleza, mi confianza, mi mente, mi ser, la
tranquilidad que después de tanta adversidad por fin encontraba refugio a mí y
ni siquiera fuiste consciente de eso. Porque tenías que reír conmigo, porque
tenías que hablarme como nadie lo había hecho antes, porque tenías que
recordarme que lo terrenal es maravilloso, que no es necesario ser un filósofo,
fotógrafo, genio, twittero, para saber que solo necesitaste ser tu mismo para
ocupar un lugar en mi hipotálamo.
Tengo miedo: porque dejas que mi imaginación vuele mientras me
arrebatas mi confianza, porque me dejas soñar contigo cuando tengo un sinfín de
derivadas que deben ser resueltas por mí, porque al hablarte me introduces
dentro de un nirvana y transformas con rapidez mi cansancio en hiperactividad,
que posteriormente cae al verte salir por la puerta de la fantasía para entrar
al mundo real y porque te has
transformado en mi quimera perfecta y sin saberlo te has adueñado de mi mundo y
lo has llenado de temores.
No hay comentarios:
Publicar un comentario