Esas voces recorrían mi mente, no eran voces desconocidas. Me sentía ansiosa, no podía dormir, los diálogos y los recuerdos que traían consigo, no dejaban a mi mente en paz; después de unos minutos mis ojos lograron cerrarse, entonces lo sentí. Por el frío era casi azul, acariciaba mi rostro de manera tierna, no sabía de dónde salía o a quién pertenecía, puesto que estaba cubierto por la oscuridad; entonces me horroricé. Intenté quitarlo y mientras más lo intentaba más cogía mi rostro con fuerza, caí de la cama. Desperté, era una pesadilla, pero había algo raro, mi rostro estaba adormecido. Intente forzarme a quitar toda aquella idea que implicaba a algo "irreal". No sabía por qué, pero sentía mucho miedo, miraba alrededor y sentía que en cualquier momento algo iba a quitarme el aliento de un susto. Aquel aullido que nada ayudaba a mi acojonado ser a calmarse, solo ocasionaba que la paz se prolongara más. El reloj anunciaba las tres de la mañana cuando aquel silencio ensordecedor se apoderó del ambiente, cuando mis ojos consiguieron cerrarse.
Es difícil despertar cada día con una sensación desconocida, con un no sé qué que hasta cierto punto puede ser fácilmente cubierto por una actividad rutinaria que toma tiempo, pero que vuelve a manifestarse en algunos momentos de vacío. Es bastante extraño no saber que es, mas saber a qué conduce. Para mí, la depresión no es más que un estado en el que mis sentimientos y pensamientos negativos toman posesión de mi yo reprimido, aflorándolo y dándole cabida a que tome parte de mi vida y que, en consecuencia, tome decisiones de manera impulsiva haciéndome creer que es lo mejor para mí. A veces la depresión no es más que un vago recuerdo en mi memoria sobre aquella débil Génesis a la que todo afectaba.
En mis cortos diecisiete años de vida marcados por la soledad, el enojo, el desamor, el temor, y todo aquello a lo que uno está acostumbrado a vivir, he visto muy poco. No sé lo que me tocará vivir, pero sé que al final todo se resumirá a aquella melodía de Beethoven: Para Elisa. Quien sea que la haya escuchado la pieza completa se dará cuenta que está compuesta de tres puntos importantes: la melodía más común, su punto jovial que, para mí, trae una imagen de los bailes la época del Rococó y el Romanticismo y, finalmente, el punto que refleja tragedia, tensión y tristeza. Todo lo que una vida contiene.
Todavía… no lo sé.
Con amor, para Génesis.