Hace unos días soñé.
Un sueño de aquellos en donde tu subconsciente despierta tus verdaderos deseos y te los muestra mediante fotogramas para que en el momento en que despiertes des un sobresalto y te preguntes: ¿Por qué?
Porque tuve que soñar con algo que se supone había quedado ya enterrado en lo más profundo de mí, es decir, no es que no quedara rastro alguno de recuerdo, sino que ya no quedaba aquello que es producto del hipotálamo.
El sueño mostraba dos pasajes de mi vida, uno actual y uno pasado, desembocando una acción y un deseo oprimido.
La acción tenía una pizca de sarcasmo dirigido a alguien que evadía mis indirectas (directas) afirmando la veracidad de estás, que en consecuencia sería rechazar su culpabilidad. Ya saben, es como decirle a un mendigo que los mendigos son así a consecuencia de la ociosidad y que este te lo afirme diciendo que no se explica cómo puede haber gente así.
El deseo oprimido que es un poco difícil de explicar ya que que temo admitirlo, cabe mencionar que aún no admito todo eso pero sé que es así como se muestra, cosas raras en mí.
En fin, en aquel sueño loco habían dos arcoiris que partían de un mismo punto y se perdían en la infinidad del cielo. Además, habían trenes que cargaban juegos de un parque de diversiones más grande de lo que un hombre pueda alcanzar a ver. La naturaleza no se apreciaba en su manera pura, pero si mostraba un paraje conocido pero con un final sin conocer. Un queque de vainilla a medio preparar sin vainilla. Habían muchas personas, personas que representan parte de mi pasado y de mi presente, pero personas que aún están vigentes en mí. Y lo más extraño, había una persona en particular a quién llamaré Foz.
En la memoria de Foz no había rastro alguno de mi nombre en su pasado, era como vivir un nuevo presente, en dónde él era el protagonista de mi historia, aquél hombrecito que con solo un sonrisa llenara el ambiente de ternura, aquél que con tocar mis manos hiciera que la escena en mi sueño cambiara drásticamente a una donde solo estábamos él y yo, aquél que era el único que mediante un abrazo podía hacerme sentir aquella huelga de hormonas llamada amor.
Sentimiento de antaño, lugares bizarros, ambiente cargado, él y yo, una serie de sensaciones que sacan a la luz lo que hace tiempo vengo intentando enterrar dentro de mi ser.
Yo no sé interpretar sueños, pero sé que nadie además de mí podrá saber lo que en verdad pienso y siento, y yo sé por qué lo soñé, pero seguiré sin admitirlo de eso no hay duda. Porque el día en que lo admita habré perdido la batalla por la que he venido luchando durante ya mucho tiempo.
Aveces admitir la verdad puede ser bueno para aprender a superar ciertas cosas, no es mi caso.
Lo siento subconsciente, aquí mando yo.
Con amor, Génesis.
Excelente Post FELIZ NAVIDEAD :3´
ResponderEliminarAtte Ovejita.